Debe haber sido la humedad que abombó mi cabeza.
Extrañamente descubrí que la cicatriz que llevaba en la mano izquierda, producto de mi torpeza, mi falta de delicadeza y mis uñas largas, había desaparecido. Casi no se podía percibir.
Comienzo a asombrarme con lo rápido que cicatriza el cuerpo. Y me asalta un solo interrogante…
¿Por qué la mente tarda tanto en cicatrizar? Estoy de acuerdo en dejar las cicatrices visibles para el recuerdo, pero estoy en contra de todo el tiempo que las heridas tardan en cerrar.
Paradójicamente, ahora que mi pulgar izquierdo sostiene el anotador, veo de reojo la cicatriz más viva que nunca.
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