Perseguir las estrellas. No acabar como un pez en una pecera.

lunes, octubre 3

"Sin un temblor de más, me abrazo a tus ausencias" (Benedetti)



La luna...
La luna me ve llamarte. 
Te llamo, te llamo por tu nombre. 
Quizás, nombrándote, desaparezcas más rápido. 
Mi lengua se vuelve escepticismo.
Todo mi cuerpo es una entera y tierna desconfianza. 
Observo el sol con los ojos y los brazos abiertos. Te vuelvo a nombrar, y amanece.
Amanece el campo de flores que no supimos cuidar. Pecamos la ignorancia.
Y el campo amanece, a las flores las amo sola. 
Llega el mediodía, corriendo con el ruido de algún tren que no me atreví a tomar. 
A las flores las amo sola. 
Que aburrido que es el tiempo, cuando te nombro y nadie responde. 
Cuán efímera llega a ser la luz.
Cuido tus semillas,  que germinan y crecen por doquier. 
 los campos que delineamos se vuelven enormes
cuando sólo uno esta. 







Recuerdo sus ojos. 
Su mirada asustada, el latir de su corazón como mil caballos a la huida.
El camino se cerraba en el horizonte. El sendero se desdibujaba en su respiración entrecortada.
Sus manos me tomaron fuertemente, aunque nada lograron sujetar.
Me escurrí como el tiempo en el reloj.
Huí como color en el otoño.
Moreno, aún recuerdo tus pestañas húmedas, y tu cuerpo vestido de color tierra.
Llevo en mí el vértigo del abismo que saltamos ayer.





martes, agosto 9

join the club


deja dos estrellas sobre la almohada cada noche.
por las mañanas las recoge otra vez,
sino tiene estrellas... con qué va a llorar?

"sólo sé que no se nada"

Un andén desierto, ella que espera. Tan sólo dos atados de cigarrillos y una valija de cuero pequeña. Lleva más de media hora esperando, cuando él arriba al andén.

Están ellos dos solos. El con cierto aire de arlequín, una sonrisa y un saxo al hombro. Ella, intenta no mirarlo.

-¿Hace mucho esperas?- pregunta el joven, y le hace señas para que le pase el encendedor.

-Lo suficiente como para querer irme caminando.

-¿Hacia dónde vas?

-No lo sé, sólo me voy.

-Que bueno, yo dije lo mismo cuando me fui.

-¿Y cómo es?

-¿Qué?

-Irse.

-Ah…no lo sé. Yo dije que me iba cuando me fui. Pero en realidad, siempre estuve llegando.

Ella río, río muy fuerte. Se encontró, por un segundo, aliviada con el sonido de su risa.

Entonces se asustó.

Él, no dijo nada por un rato. Siguieron los dos, en silencio, esperando el tren.

Ella comenzó a impacientarse, quería hablar con él, pero no sabía bien que decirle.

Sólo quería hablarle, intercambiar palabras. ¿Por qué viajaba?

No quería arruinarlo, creía que dijera lo que dijera no podía hacer brotar de aquel hombre una conversación interesante.

-Ay! A este paso voy a ver la luna.- refunfuño, sin notarlo, muy fuerte.

-¿Qué problema hay con la luna?

domingo, julio 17

Voy a pensar en rinocerontes. Parte I


Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz. La imagen es terrible. En el mundo del eterno retorno descansa sobre cada gesto el peso de una insoportable responsabilidad. Ese es el motivo por el cual Nietzsche llamó a la idea del eterno retorno la carga más pesada (das schwerste Gewicht). Pero si el eterno retorno es la carga más pesada, entonces nuestras vidas pueden aparecer, sobre ese telón de fondo, en toda su maravillosa levedad. ¿Pero es de verdad terrible el peso y maravillosa la levedad? La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes. (Milan Kundera – La insoportable levedad del Ser.)

Cortázar en una entrevista dijo que el descubrió que todo era relativo, que todo era precario, que había que vivir en un mundo que no era ese mundo de total confianza y de inocencia en el momento que su madre desconfió de que él era, apenas un niño, quién escribía esos excelentes poemas.

Yo también descubrí ese aspecto del mundo real de pequeña. Hubo preguntas que ningún adulto me pudo responder.

¿Quiénes somos? ¿Cómo llegamos al Universo? ¿Por qué se creó el Universo? ¿Por qué morimos? ¿Qué somos?

Típicas preguntas de niños dirán… y sí, son preguntas de niños. Pero, es notorio cómo ningún padre, abuelo, tío puede responder a esa pregunta.

Es simple. Cuando somos niños, y nadie nos da una respuesta que nos dé satisfacción, lentamente las olvidamos. Ya de adolescentes, quizás y sólo si quizás, nos lo volvemos a preguntar. Pero ahora somos nosotros los que nos reímos de nuestras propias preguntas, para qué andar preguntándose eso, ¿si nadie encontró la respuesta por qué lo voy a hacer yo?

De adultos, entonces, nos olvidamos. Ponemos en un cajón viejo que no vemos (si es que no lo destruimos antes) las preguntas a las que nunca le encontramos respuesta, no queremos que salgan a flote otra vez e interrumpan nuestra conciencia cotidiana y tranquila. Encontramos a un hombre, o una mujer, que más o menos cumplió con los requisitos que esperábamos; nos enamoramos, nos mudamos juntos, nos casamos, nos amamos. ¿Realmente nos amamos? Bah, qué más da, es la madre de mis hijos. Y nos vamos de casa a las ocho y media de la mañana, agarramos la Gral. Paz, y que tránsito que hay siempre en esta ciudad.

Y así se nos van los días, en una de esa si perseveramos y adulamos a quiénes debemos nos volvemos gerentes.

¿Y nuestros hijos? ¿Qué hacemos cuando nuestros hijos llegan con las mismas preguntas que nosotros tuvimos de niños? Le regalamos la mejor sonrisa, igualita-igualita a la que nos pusieron nuestros padres cuando le pedimos que nos explique el Universo. El niño se olvida, juega a otra cosa. Ya se le pasa. Y el niño crece, y quizás tengo suerte, me sale normalito y jamás se vuelve a preguntar esas cosas. Y luego estudia, encuentra una buena mujer y la raza humana sigue procreándose. Cumpliendo este ciclo evolutivo que tan cómodamente hemos dejado que nos impongan: nacemos, nos procreamos, le dejamos la tercera parte de nuestra vida al desconocido que maneja cientos de cubículos de oficina, y luego morimos. Si fuimos buenos, pudimos hacer un par de negocios, y entre eso y la jubilación nos la aguantamos bien.

Y así, las preguntas existencialistas que tuvimos de niños caen a un pozo de olvido constante. Mero círculo vicioso el nuestro.


Ahora bien, qué pasa con aquellos que de niños quedaron impresionados porque los adultos (la mayor fuente de saber que percibimos a esa edad) no nos pueden responder Qué somos, para qué vinimos, o Porqué amamos.

¿Qué pasa con aquellos que no nos conformamos con la sonrisita complaciente de “ya se te va a pasar”?

¿Qué hacemos los que creemos que hay algo más, que tiene que haber otro sentido a esto, que la Vida no puede ser una mera suma de días y nada más?

¿Cómo hago para encontrar a una, solo una persona, que tenga las mismas ganas de explorar esta ternura que llevo dentro?

Y ahora qué hago yo que, al igual que Julio Cortázar, descubrí que todo era relativo, que todo era precario, que había que vivir en un mundo que no era ese mundo de total confianza y de inocencia que me habían vendido los cuentos infantiles…

Qué hago.

Qué hago.

Qué hago

Qué hag

Qué ha

Qué h

Qué

sábado, julio 9

Cada paso en tierra te va a marcar. Hola Miedo, nos encontramos otra vez.

‎"¿Cómo no había yo de ser un lobo estepario y un pobre anacoreta en medio de un mundo, ninguno de cuyos fines comparto, ninguno de cuyos placeres me llama la atención?"

Hubo una noche en la que estuve perdida. En realidad, hubo muchas noches. Pero sólo una fue realmente significativa.
Son esos escasos y extraños momentos donde todo está alineado. Las palabras de aquel hombre, la verdad de aquella canción. La luna maravillaba todo a su paso, y comprendí la mirada. La tierra me abrazaba, y en el alba me reinventaba.
La ventana tenía una ubicación realmente incómoda. Me encontraba recostada sobre mi gran cama para dos. Pero yo era uno sola. Estaba visualizando por la ventana un cielo tan celeste que abrumaba, acompañado por unas pocas nubes.
La habitación era de paredes tan blancas, que el rol de iluminar mi ventana lo cumplía eficientemente.Cuando estaba reposada, vagando en pensamientos sobre la ubicación de la ventana y la incomodidad, noté que no estaba sola. Observé todo el cuarto y a simple vista, por razones obvias, no logré verlo.
Revolví todas las sábanas, sabía que estaba ahí. Saqué todos los cajones de mi alta mesa de luz. Desbaraté los cinco cajones, de los tres últimos revoleé zapatos, zapatillas y alpargatas. De los dos primeros saqué pinturas, alhajas, dinero, libros, cuadernos…y nada.
La ansiedad me llevo a hurgar en la biblioteca, rápidamente hice volar los cientos de revistas, libros y películas que allí reposan… y nada.
Bajé raudamente las escaleras, saltando los últimos dos escalones. En tres pasos llegué a la cocina, para mi fortuna, diminuta.
Me tiré sobre el piso de cerámica negro. Abrí todas las alacenas inferiores, sacando ollas, sartenes, fideos, bols, recipientes de todo tipo, color y tamaño. Seguí por los cajones de donde saque trapos, bolsas de consorcio, utensillos de cocina…en vano. Otra vez, nada. Hurgué por la mesada echando al piso la frutera, la panera, el microondas, los cubiertos que estaban allí secándose.
Comencé mi búsqueda en las alacenas superiores, ese color madera empezaba a desquiciarme.
Salieron fuera vasos, vasijas, platos, y otros recipientes de cerámica. Todos hechos añicos sobre el piso negro. Luego, saqué recipientes con yerba, cacao, azúcar, café y demás cosas, pero sin respuesta. Lo oía reírse a mis espaldas...
El único lugar que quedaba era la heladera, pero sabía bien que él no entraría allí. No puede soportar el frío.
Me desplacé instantáneamente al living.
Fui directo al sillón, saqué sus seis almohadones…y nada. Removí la gris alfombra, no encontré respuesta.
Fui hacía la mesita del teléfono, abrí su único cajón y lo lancé directo al piso. Otra vez… no había respuesta. El gran mueble que descansaba en la pared prometía un reto mayor.
En primer lugar abrí la compuerta derecha, algunas vasijas, chucherías, nada. La risa era cada vez más fuerte. El estante que lo separaba de otros dos cajones, tampoco me entregó algo.Los dos cajones inferiores, ni hablar, solo manteles y servilletas.
Las compuertas del medio del mueble me regalaron kilos de polvo, acumulados entre tantas películas y juegos de mesa.La puerta superior izquierda, solo copas de cristal, que tuvieron el mismo destino que las de la cocina, el suelo. La última compuerta que faltaba abrir solo trajo como resultado más cristales rotos.
Reía, y reía. Tuvo el descaro de acariciarme la nuca, no había tacto como el de él.
En mi furia de no haber encontrado nada, arranqué las blancas cortinas que flotaban sobre la ventana. Y con la resignación de haber sido engañado otra vez por el, destrocé el juego de mesas y sillas.

Una vez más, mi casa no sobrevivió su visita. Ahora comparto los días, lo escucho constantemente correr por las paredes.

Y espero... espero el signo que me permita largarlo a la calle otra vez.

lunes, junio 20

Dylan no tiene nada que ver...el humo de su cigarrillo, sí.


“Siento que el silencio me ha hecho pensar… Más profundo, llegando al infinito… Para encontrarel arcoíris que me encienda, y ya no me apague jamás”

Hoy REALMENTE tengo ganas de escribir. Tengo ganas de colgarme desarrollando problemáticas que no son problemáticas, y de no encontrar soluciones. Quiero definir. Definirme, definirte. Quiero decir lo primero que mis dedos sientan. Sin trabarme, sin dudar. Escribir, por escribir.Escribir para liberar. Para acallar las voces de la cabeza. Para que dejen de gritar tantas dudas, y no se dediquen a buscar una respuesta. Acá tienen una buena respuesta.

Escribir.

Escribir es la mejor respuesta. Porque sí.

Porque me levante con ganas.

Porque me levante de mal humor.

Porque llueve y miro al cielo para mojarme la frente.

Porque salió el sol.

Porque no soy feliz.

O porque no puedo parar de sonreír.

Escribir. Escribir por escribir. Con errores, sin puntos, con, comas, de, más.

Escribir a la luz de una vela que yo misma hice. Escribir con mi propia luz.

Escribir para que la luz crezca.

Escribir……. Escribir por escribir. Escribir porque escribir es un vacío. Y a veces, sólo en el vacío sentimos adrenalina. ¡Qué hermosa es la adrenalina!

Escribir. Puedo escribir para contarle al mundo tu belleza. Para relatar con las más pulposas palabras lo que es verte sonreír cuando llego.

Escribir para contar que me gusta viajar en colectivo, sólo cuando no tengo horarios.

Para contar que me gusta viajar, pero que suelo de mi habitación es el mejor lugar….

Escribir por escribir. Eso sí.

domingo, marzo 6



"En 1825, al final de su vida, Goethe escribió una carta a Carl Friedrich Zelter, que moriría antes que él. "Mi querido amigo, en el presente todo es ultra, todo tiene una trascendencia continua tanto en la forma de pensar como en la de actuar. Nadie se conoce a sí mismo, nadie conoce el elemento en el que trabaja y evoluciona o la materia en la que se ocupa... se ejerce demasiado pronto una gran presión sobre los jóvenes que luego son arrastrados por la vorágine del tiempo; lo que todo el mundo admira y cada uno busca es la riqueza y la velocidad; el ferrocarril, el correo urgente, los barcos de vapor y los servicios de comunicación son los medios que el mundo desarrollado utiliza para avanzar y lo que hace que se atasque en la mediocridad. Este fenómeno es además el resultado de la generalidad, de la banalización de una cultura media, intentemos, en la medida de lo posible, mantener nuestro estado de ánimo y entonces, tal vez con algunos otros, seremos los últimos de una época que no volverá pronto"."

jueves, febrero 10

the time has come...


Casual. Causal. Caudal.

Disculpa...¿tenes la hora?. Cejas arqueadas hacia arriba, mirada de molestia... La hora la tiene el relojero. Impaciencia, su mirada vira hacia la curiosidad. Seguro ya se dio cuenta.
Le voy a sonreír.... Nada. Sigue con la mirada de curiosidad. No, no se dio cuenta, pero ya casi.
Se corre el pelo de la cara, y el movimiento de sus manos me trae un aroma a tabaco.
¿Y un pucho no tenes?
Levanta una sola ceja, mirada cómplice.
No fumo. Sonrisa
No me mientas. Retruco a la sonrisa.
Cambió la mirada, ahora me sonríe con los ojos. El humo de un colectivo la distrae. Rápidamente vuelve la mirada hacía mi, mueve la punta de la nariz hacia arriba.
Los ojos se abren, grandes, muy grandes. Ya se dio cuenta.
No te lo lleves.
Es tarde. Las quejas las recibe el relojero.

Al irme, paso a su lado y le dejo un beso en la sien.

lunes, enero 10

Siempre los amores malditos, aquellos tormentosos, sinuosos, con rutas impredecibles... fueron los que más me gustaron. Desconozco el motivo, yo nunca me caractericé por tener relaciones malditas, aunque yo si lo este.

“Hasta que la cabeza lo permita, el cuerpo no importa”

― Siempre nos decíamos eso. ― Joaquín tenía la mirada perdida mientras le respondía a los peritos en aquel cuarto de hospital.

Era una habitación blanca, fría, con una luz de tubo pálida y enfermiza. En la camilla, a su lado estaba Ella, con el ceño fruncido, los ojos cerrados y el semblante sereno.

― ¿El domingo sucedió? ―comenzó a interrogar el policía.

― No. No todos los días son iguales ― Joaquín estaba perturbado. Se encontraba en el hospital, pero no estaba allí.

― ¿Qué camino tomaron?

― No había un camino pactado, era todo improvisado.

Joaquín se encontraba corriendo por un extenso campo con matos muy crecidos, que dificultaban el movimiento de las piernas. No la podía ver, pero seguía el sonido de su risa. Ella reía fuertemente, siempre lo hacía, hasta en los momentos más siniestros, Ella reía.

― ¿Y viajaban solos? ― prosiguió el policía, un poco impaciente y asombrado por la actitud del chico

― ¿Con quién más íbamos a viajar? ―la miró a Ella y dijo:

―Me encantaría saber por qué no te gusta el ejercicio, pero te gusta tanto correr por un prado así, con estos matorrales y estas pequeñas flores, es infinito. ― Respondió el muchacho, que sentía como lograba atraparla y hacerla rodar por el campo, besándola, abrazándola y mirándola en forma cómplice.

― ¿A quién vieron? ― el policía comenzaba a perder la paciencia.

― No vimos a nadie. Nos vimos a nosotros, sólo a nosotros. A veces mucho, a veces nada. “Hasta que te lo permitas”, le dije, “hasta que te lo permitas”.

―Mire, la cosa es muy sencilla, necesitamos que nos responda coherentemente para que podamos dejarlos en paz, y que se curen en perfectas condiciones. Pero si no nos dice la verdad, nunca podremos descubrir que pasó, hágalo por su novia, quiere….

― ¿Por qué no hay temor más grande que perder el envase dónde funciona el alma? ―Joaquín seguía entre el delirio de amor que estaba transitando con Ella, y la presencia de los policías. ― Siempre me lo preguntaba. Recuerdo haberle escrito unos cuantos párrafos sobre ello. Las dudas, sus dudas, no son dudas si yo las ponía en el papel. Se convertían en los versos más bellos que Ella alguna vez pudiera a oír. Pero a veces era poco, a veces no le gustaban mis versos…

“Hasta que te lo permitas”.

― ¿Y se incendió toda la casa? ―

― No. Sólo el cuarto de Ella. ¿Volverán a empezar? ― Joaquín observaba como jugaba por todos los rincones de esa vieja casona, era una casa extraña, cualquiera diría que abandonada, pero allí vivía Ella. Y él lo aceptaba así. Pasaron largas noches entre luces de velas, noches de hambre y frío.

― ¿Avisaron a la familia? ― El policía comenzaba a creer que estaba internado en el lugar equivocado.

― ¿Qué familia? ¿Sabe por qué Ella tiene el ceño fruncido? ―

― No…

― Porque la poca ropa le resulta odiosa.

― ¿Es por eso que estaba vestida de lana en una noche tan calurosa?

― Claro que no. ¿No me acaba de preguntar si se había incendiado toda la casa? Hacía calor. Claro que hacía calor, sino no hubiésemos encendido su cuarto con tanta pasión.

― No creo que la pasión haya producido esas quemaduras, señor…

― Lo que para usted es fuego y agresión física, para mí era nacer de nuevo.

― ¿Estamos frente a un cuadro de psicópata con tendencia masoquista, entonces? ― Interfirió el segundo policía por primera vez.

― Usted es el inteligente del dúo, ¿no? Si Ella no continuara en la casa, y estuviera acá, tendría unas cuantas cosas que decirle a usted y a su psicología que es la única psicópata acá. Pero no, no esta. Todavía no regresa de casa. Me preocupa porque ya comienza a ser de día y no soporta estar sola de día. Quizá debería ir a buscarla, si se queda sola con la luz del sol es un peligro.

― Ella… ¡Ella esta acá, a su lado! ― El primer policía ya había perdido la paciencia por completo. No lograban sacar un testimonio coherente de todo aquel embrollo, y este muchacho era el único testigo consciente.

― Ella nunca estuvo a mi lado. ¿Por qué habría de hacerlo ahora? Intenté de todas maneras que se quedara. Rodando por el monte cuesta abajo y de forma empinada, convenciéndola de manejar a altas velocidades por la ruta tan sinuosa del este, encender las llamas en su habitación mientras la besaba y le decía al oído que esta era la única forma de que estemos juntos y seamos uno. Quizás alguno de nosotros no despertaría y esperaba que sea Ella. Ella era demasiado para este mundo, lograba hacer que hasta el más hermoso paisaje fuera insignificante, absurdo y corriente si Ella estaba cerca. Le prometí que era el final, se lo prometí. Le jure que seria, de una buena vez por todas, una constelación en el ancho cielo, y no una hormiga más en el basto imperio. Es por eso que tiene el ceño fruncido.

― ¿Por qué? ― ninguno de los dos policías comprendía ni una palabra del discurso del excéntrico Joaquín.

― Porque no fue el final. Ella sigue ahí en la casa, esperando arder por completo, ser libre, y no que su cuerpo este aquí, escuchando esto. Probablemente está enojada, porque no cumplí mi promesa, y es de día.

Es un desastre, sigue respirando, porque su cabeza se lo permite.

jueves, diciembre 16

¡Hoy me enamoro de tu libertad!



Para traerte a casa, te he escrito un cuento. Un cuento que ha germinado entre el deseo y el tiempo...
Donde un cazador lastima a una paloma dormida. No tira para matarla, tira solo para herirla.
Entre seda y gasas blancas, la paloma sufre y se desangra... pero el cazador la tiende, la acaricia y la acompaña.
Para traerte a casa, te he escrito un cuento... un cuento que ha germinado entre el deseo y eltiempo.

La paloma toma el aire, y el cazador siente celos. Porque el aire es la frontera entre el cazador y el cielo.

Un hombre y una paloma no podrían enamorarse, el Cazador es de Tierra y la Paloma es del Aire.
Para traerte a casa te he escrito un cuento...

miércoles, diciembre 15

viernes, diciembre 10


- ¿Has bailado alguna vez con el diablo a la luz de la luna?
-Demasiadas veces
-"So many nights, with your shadow in my bed..." -
- Merry Blues...¿Pero, de qué sirve confesarme si no me arrepiento?"
-Esta es la vida que elegimos, y si hay algo claro entre nosotros, es que ninguno verá el Cielo.
-¿Y qué tal tú? ¿Has bailado con el diablo a la luz de la luna?
-Yo no solo he bailado, he tratado de conquistarlo. Mil y un veces.
-¿Funciono?
-Por supuesto que no. Ni conquistando al Diablo logré que vuelvas a mí.
-Tienes que considerar la idea de que a Dios tal vez no le caigas bien.
-De acuerdo, nunca me había ganado el Cielo, eso estaba claro. Pero ahora, por tí, ya perdí hasta el Infierno.
-Nunca llueve eternamente


domingo, noviembre 28


En lo hondo de la noche decidí escribirte una carta.
No encontré las palabras.
Intenté descubrirte, descubrirme.
Vaga vanidad de confiarme en mis palabras, cuando el silencio de aquellas hicieron que
hoy tenga el deseo de escribirte.
Para traerte, para olvidarte, para dolerte.
En lo hondo de la noche decidí escribirte una carta...
Hoy, no te alcanzan.
Guardé tus cartas,
me exorcizan desde los cajones oscuros.
En lo hondo de la noche quemé tus cartas...
ceniza barrida, recuerdo hecho polvo.
No corría el viento, las partículas de mis palabras quedaron estáticas
en la superficie donde ardían llamas violetas,
parecidas a las tuyas.

La realidad, es que nunca te escribí una carta.

jueves, noviembre 4

superficies poetas



"Quiere buscar silencio, donde nunca llegue el Sol; y dejarse caer...."


Nunca le había pasado. Con un cigarrillo en la boca, el humo abrazándola sentía que era alguien siguiendo un estereotipo para recibir aprobación. Que era una falsedad.
Nunca lo había visto así, sólo cuando se encontraba en presencia de él.
Odiaba sentirse superficial. Porque realmente no lo era, y nada deseaba más que que salte por su superficie, con todas las revelaciones que eso traía. Y quería que la siguiera viendo atractiva, ingeniosa.
Se inclinó por terminar el cigarrillo. Acto después preguntó si le molestaba que fumaran en su presencia, ya que él estaba libre de esos humos. Con franqueza respondió que no, que si le molestaba ver como la gente a su alrededor se entregaba por algo tan mísero como el tabaco.

- A veces da cierta identidad, ¿entendés? Para un poeta, no hay cosa mejor que sentirse miserable, y un café negro y el sabor del humo lo logran a la perfección.
- Entonces sólo lo haces porque no puedes afrontar que es triste que escribas únicamente cuando estas miserable... Los poetas se piensan excelsos porque creen ser más arriesgados por sentirse mal. Que solemne artificio.

Ella calló, y posó su mirada en ninguna parte. Era escabrosa, era escabrosa y lo sabía. Sabía que era normal, que indudablemente no tenía nada mejor que el resto. Es cierto.
Se sentía una imitación de algún mármol italiano, de esos que todos admiran y ponen en sus cocinas, pero que no comprenden por qué causa tanta falsedad en la belleza.
Inmediatamente...

- Lo que estoy intentando decir, es, que tus devocionarios no necesitan fluir al ponerte una 48 mm. en los labios, y saborear el humo de la pólvora. Pero disculpa, yo no soy poeta. A pesar de mis infinitas miserias.

Cambió su mirada y se posó en los ojos de él. Eran transparentes, no entregaban ni una pista de lo que valía la pena descubrir allí.

-No estás muy lejos de serlo. El poeta no es un tipo arriesgado, aunque así les hagan creer. Es un ser que en su intento de compensación con el mundo que lo rodea, se provee de materiales ingentes. Sólo eso.

No quiso ser persistente y comenzar a encantar con su teoría de que el hombre por su escencia de ser hombre es poeta, que sólo es revelador ante sus dificultades y que sólo para mi...
Quién ve en un poeta un riesgo, tiene la honestidad amortazada.
En cambio, viró la mirada a la nada otra vez, y sonrió. Sonrió al acoplar el viento que despeinó al muchacho que tenía en frente.
Con el malestar siempre se vió encausada.
Realmente, el café y el tabaco, con los atisbos de miseria que llevaban, se sucedieron negligentes y nerviosos al notar que otra mirada transparente los arrinconaba.

martes, septiembre 21

"De tanto comportarse como un hombre enamorado, volvió a enamorarse."



Son extrañas las condiciones.
- Las circunstancias no me gustan - pensó mientras recorría una atestada, pero extrañamente solitaria galería de Defensa.
¿Por qué estaba allí? No había sol, no estaba Ella, había un aroma a lluvia bastante desesperanzador.
Quizás era mejor volver, comenzar el regreso despacio, silbando aquella canción que hablaba de él. De él hace mucho tiempo. Aquel tiempo en que lograba detener el sol en otra mirada.
Pero no. Sería seguir en lo mismo de siempre. Y Ella no estaba, y por eso él estaba en San Telmo.
Porque no era su territorio, no eran sus calles, y era uno de los pocos lugares de esa oscura ciudad donde no había transcurrido ninguno de sus poemas.
- En veinte minutos comienza su presentación. Estará hermosa - y con ese pensamiento, volvió a sonar la voz en su cabeza... aquella que cantaba lo que sea. Cuando sea. Aquella que no se ponía condiciones, aquella que dislumbraba al entonar Paris Je T'aime.
- Y Paris Je T'aime otra vez, carajo. Le long des rives de la Seine.. Des lumières qui se fondent... Et des amants de passage.- se ahogó en un suspiro, y se dispuso en la vereda a encender un cigarrillo. Las luces naranjas, Defensa y Chile.
A lo lejos, un horizonte, et des amants de passage... A lo lejos, París.
A lo lejos y en el centro de él, una mujer reposa en un cuarto con olor a tabaco y velas baratas. La cama desecha, sábanas blancas.
Paris je t'aime, y dos lágrimas caen sincronizadas, en el mismo instante, aunque en dos puntos de la ciudad distintos... pero circunstancialmente, iguales.

lunes, septiembre 20


"Lo mismo da morir y amar
y cuando te das cuenta que es tu
amigo quien
te da la mano
Entonces para vos ya no existe el miedo, ni
el dolor ni el frío
Estás cómodo con él en tucasa y
sólo ves las
estrellas de espuma
y no hacés más nada porque creés
que ahora
ya no estás más solo
Si te dieras al menos un porqué..."



Si te dieras al menos un porqué... no vivirías en la sombra del momento eclipsado. Del abrazo negado, del beso rechazado. Vivirías en todos los cielos, en todos los mares y con todos los huracanes.
Serías espuma, serías la sal... no habría heridas, no habría más que tardes echadas al Sol.
Si te dieras al menos un porque... hoy no sería yo, y el nosotros existiría en todas las flores. Si te dieras al menos un por qué... escribiría los versos más condenados todas las noches.

jueves, septiembre 16

Luis Eduardo Aute & Silvio Rodriguez - Mana a Mano - Anda

Anda, dime lo que sientes. No temas si me matas, que yo sólo entiendo tus labios como espadas...
y ven a mis brazos, dejemos los datos, seamos un cuerpo enamorado.

martes, septiembre 14

"Una noche de amor, es un libro menos leído, de Honoré De Balzac. Pero a veces esta noche puede cambiarte la vida. Cuando el amor ya no es un drama, sino magia, que de repente convierte a la vida en la cosa más simple y bella del mundo y todo encaja a la perfección. Y tu realidad es exactamente como la habías imaginado. Entonces, las ideas que te faltaban, aparecen."

lunes, septiembre 13

blazing fire



Las luces tenues los abrazan, nadie los espera. Nada los espera, más que la ansiedad transpirada de sus cuerpos.

Corren las imágenes en su piel, y sus voces calladas se burlan de la soledad.

Sin límites, no importan las fronteras… al menos esta noche, no. Y el calor de las velas encendidas brillan aún más que todas las luces de la ciudad.

No hay parpadeos para encandilarse, tan sólo respiros de libertad.

La ironía dibujada en la pared vacía, la risa volando cerca del techo.

Pero no hay techo, no hay pared. Si tan sólo esta noche es una circunstancia, si sólo somos un envase… disfrutemos de nuestra fineza, el tacto de tus manos y mi mirada repleta de curiosidad.

Y si hamacarse con un brazo de la luna es tan puro, ¿por qué querría yo que salga el Sol?

Y si has desnudado mi alma… y si has ingresado a mi templo, ¿por qué querría yo que salga el Sol?

Siento la tierra en tu piel, sientes la resistencia en mi roce.

Las velas se consumen.

Dejé depositada la última esperanza en el vaivén de tus piernas.


Yo llevo tu sonrisa como bandera

domingo, septiembre 12

¿Por qué has venido a buscarme?

Si esta noche no es mía,

Esta noche es del fuego.

Aquel fuego que entre nosotros no consumirá otro amanecer.

Es la noche en que el fuego se hace inmenso,

quizá se mezcla con los huracanes de tu risa.

¿Por qué has venido a buscarme?

porque esta noche no es mía.